Lisbeth Fajardo León, graduada de Ingeniería en Logística y Transporte de la Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas (FCNM), recibió la medalla de oro como mejor graduada de la Trigésima Octava Promoción de la ESPOL. Detrás de este reconocimiento hay una historia de decisiones, aprendizaje y perseverancia que comenzó mucho antes de subir al escenario.
"El inicio de todo lo que soy capaz de construir". Con esa frase, Lisbeth Fajardo León resume su paso por la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL). Para ella, el reconocimiento como mejor graduada de la Trigésima Octava Promoción de la Universidad, además de haber sido distinguida como la mejor graduada de la Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas (FCNM) y de la carrera de Ingeniería en Logística y Transporte, no representa un punto de llegada, sino el comienzo de una nueva etapa.
Sin embargo, su historia no empezó con una medalla, sino con una pregunta que muchos jóvenes se hacen al terminar el colegio: ¿qué quiero estudiar?
Acompañada por su padre, recorrió varias universidades de Guayaquil en busca de una respuesta. Sabía que quería estudiar una ingeniería porque siempre disfrutó de los números, pero todavía no encontraba una profesión con la que realmente se identificara. De aquella visita a la ESPOL aún conserva un recuerdo muy particular: el sonido del viento entre los árboles del campus, una sensación de tranquilidad que más tarde también la acompañaría en los días más exigentes de su vida universitaria.
La respuesta llegó gracias a una conversación con una excompañera de colegio que estudiaba Ingeniería en Logística y Transporte. Poco después, durante la pandemia, observó el papel que desempeñó la logística para mantener en funcionamiento empresas y servicios, y comprendió el impacto que esta profesión tiene en la vida cotidiana.
Al comprender el impacto que la logística tiene en el desarrollo de las organizaciones y en la forma en que se conectan personas, bienes y servicios, Lisbeth encontró la respuesta que buscaba.
"Entendí que todo negocio necesita mover bienes o personas de un lugar a otro. Ahí supe que esa era la carrera que quería estudiar. Hoy puedo decir que fue una de las mejores decisiones de mi vida", recordó.
Cuando recibió la noticia de que era la mejor graduada de la ESPOL, la sorpresa fue inevitable.
"Sentí mucho agradecimiento y orgullo. Nunca imaginé que sería seleccionada como la mejor graduada de la promoción. Lo que más valoro es haber podido representar a una generación con la que compartí risas, luchas y muchas amanecidas estudiando. Estoy muy feliz de haber podido dejar mi huella en mi alma mater", expresó.
Para el Dr. Carlos Aníbal, coordinador de la carrera de Ingeniería en Logística y Transporte, el reconocimiento obtenido por Lisbeth representa un motivo de orgullo para toda la comunidad académica, ya que refleja no solo su desempeño académico, sino también las cualidades que demostró a lo largo de su formación.
"Lisbeth se destacó por ser una estudiante disciplinada, responsable y constante. Su curiosidad la impulsaba a profundizar en los temas, formular preguntas y buscar nuevas perspectivas para resolver los problemas. Frente a cada desafío, siempre mostró una actitud positiva, dedicación y una gran capacidad de esfuerzo, convirtiendo cada dificultad en una oportunidad para crecer. Estoy seguro de que estas cualidades continuarán acompañándola y le permitirán contribuir significativamente al desarrollo de la logística en el país", señaló.
Una lección que cambió su forma de aprender
Aunque siempre obtuvo buenos resultados académicos, uno de los momentos que más recuerda ocurrió durante el preuniversitario. Después de estudiar intensamente para una evaluación de matemáticas, obtuvo una calificación muy por debajo de lo que esperaba.
La frustración duró poco. Un grupo de compañeros la invitó a estudiar con ellos y, desde entonces, las tardes después de clases se convirtieron en espacios para resolver ejercicios, compartir conocimientos y afrontar juntos los desafíos del semestre.
Aquella experiencia cambió su forma de afrontar los retos académicos y fortaleció el sentido de comunidad que encontró en la Universidad.
"Mi gran lección en la ESPOL fue entender que pedir ayuda también es parte del aprendizaje. Nuestro sentido de comunidad cuando se trata de sacar adelante un semestre sin dejar a nadie atrás es una de las cosas que más valoro", afirmó.
Durante su paso por la FCNM también recuerda con especial cariño la asignatura de Matemáticas Discretas junto a la profesora Margarita Martínez, una experiencia que fortaleció su pensamiento crítico y confirmó que aprender también puede ser un proceso desafiante y enriquecedor.
Aprender para seguir construyendo
Para Lisbeth, la excelencia académica no se alcanza estudiando únicamente antes de los exámenes. La constancia, la práctica y el apoyo de docentes y ayudantes marcaron la diferencia durante su formación.
Al hablar del apoyo que recibió durante su formación, Lisbeth reconoce que el acompañamiento de su familia fue determinante.
"Mis padres estuvieron presentes en cada etapa, con una palabra de aliento, un abrazo o pequeños gestos que hacían la diferencia. Ellos me enseñaron lo perseverante que puedo llegar a ser. Y mis amigos hicieron que cada desafío también estuviera lleno de buenos recuerdos", comentó.
Actualmente se desempeña como Analista de Materias Primas en Unilever, donde trabaja en procesos relacionados con la logística de abastecimiento. En los próximos años espera seguir creciendo profesionalmente y realizar una maestría en el exterior, motivada por el deseo de continuar aprendiendo y descubrir nuevos horizontes.
A quienes hoy empiezan su vida universitaria les recomienda administrar bien el tiempo, rodearse de personas que impulsen su crecimiento y no evitar los retos más exigentes.
"No huyan de los profesores o de las situaciones difíciles; son esas experiencias las que permiten descubrir de lo que realmente somos capaces", señaló.
Hace algunos años, Lisbeth recorrió el campus Gustavo Galindo junto a su padre sin imaginar que aquel lugar sería el escenario donde recibiría el mayor reconocimiento académico de la Universidad. El sonido del viento entre los árboles, que entonces le transmitía tranquilidad mientras buscaba decidir su futuro, hoy también le recuerda el camino recorrido.
Entre esos dos momentos quedaron incontables horas de estudio, el apoyo de su familia y amigos, los aprendizajes compartidos con docentes y compañeros, y la certeza de que los grandes logros se construyen paso a paso. Por eso, cuando mira hacia adelante, la medalla de oro no representa el final de una etapa, sino el comienzo de nuevos desafíos. Porque, como ella misma resume, su paso por la ESPOL fue...
“El inicio de todo lo que soy capaz de construir”.